“En el Consejo Nacional de Fomento Educativo (Conafe) hemos comprendido que nuestro mayor logro es entender que el servicio educativo tendrá éxito en la medida que sea comunitario. Hemos logrado ser menos burocracia y más comunidad. Es asimilar la diferencia entre educación y escolarización”, afirma su director general, Gabriel Cámara y Cervera.
Pionero en el desarrollo de las redes de tutoría, un modelo pedagógico que pone en el centro una enseñanza en diálogo con el otro, donde el cuidado de su dignidad y el respeto a su propio proceso de aprendizaje es vital, señala en entrevista con La Jornada que la “relación educativa es más ética que técnica. No es tanto lo que yo sé o lo que el otro quiere saber, sino cómo y desde dónde lo quiere hacer”.
Rodeado de libros, en una oficina austera del edificio sede de la Secretaría de Educación Pública, que está ubicado en avenida Universidad 1200, narra su paso por el Conafe, que fue fundado hace 55 años por decreto presidencial el 11 de septiembre de 1971, y a donde llegó, por primera ocasión, en 1996 para diseñar la secundaria, que todavía no existía en el organismo.
Filósofo formado en el Instituto Libre de Estudios Superiores, con una licenciatura en Teología por el Woodstock College y doctor en Planeación Educativa por la Universidad de Harvard, Cámara y Cervera afirma: “Donde hay aprendizaje de excelencia, hay comunidad”.
Y reconoce en su proyecto la influencia de pensadores como es el caso del filósofo Iván Illich, quien pugnó por “recuperar la autonomía individual y los saberes comunitarios en los que nos hemos cultivado como personas”.
Fue en su experiencia con las comunidades cuando enfrentó el desafío de atender a niños y jóvenes en condiciones de pobreza, quienes no podían dedicar los mismos años de estudio que otros niños de contextos urbanos para ir a la escuela y concluir su formación.
“Y fue ahí donde pudimos vivir, en la práctica, lo que señalaban los filósofos Illich y (Thomas) Reid: que uno aprende por interés, no lo que le manda a aprender un maestro”, señala.
Aclara que “no es que los profesores lo hagan mal, pero el gran desafío del sistema educativo es cómo ofrecemos esto que proponemos como lo mejor. Cómo hacemos que la Nueva Escuela Mexicana (NEM) u otro proyecto corresponda con el interés del aprendiz. Porque si no corresponde, es letra muerta”.
La práctica docente en muchas escuelas urbanas, explica, implica “hacer muchas cosas que la NEM no contempla directamente, como atender el orden, la disciplina, tienen que entretener, y la relación de aprendizaje propiamente se disuelve. Y nosotros nos concentramos en el aprendizaje; no tenemos que entretener niños”.


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