Se fueron la FIFA y sus socios tras hacer grandes negocios. La mayoría de los países, ¿mostrarán propósitos serios de modificar sus criterios futbolísticos o seguirán dándole a la gente atole con el dedo? El decidido apoyo brindado por la Presidenta de la República a la Selección Mexicana de Futbol, ¿será vía libre para que la alegre Federación continúe jugando a promover ese deporte o corregirá vicios?
El jugoso paquete dueños de clubes-transmisiones-publicidad-crítica cobera-utilidades sin reciprocidad, ¿seguirá por tiempo indefinido? ¿Haber obtenido cuatro victorias los hizo ganadores o los mantiene como incorregibles jugadores mediocres? Los que están en el negocio, ¿habrán entendido el grave daño que causan a la mentalidad perdedora pero triunfalista del mexicano? Ese reiterado apoyo presidencial, ¿implicará una vigilancia comprometida y oportuna de las autoridades a los barones del futbol, o se conformará con que hayan jugado como nunca y perdido como siempre?
Acomplejados que somos con los extranjeros en general y con los españoles en particular, luego del adormecimiento mundial de las consciencias, ¿nuestra hispanopatía sabrá lidiar con las renovadas embestidas de los que ganaron el campeonato? ¿De plano no hay manera de que las empresas deportivas autorreguladas correspondan de manera equitativa ante la resignada sociedad mexicana? ¿El desfile de marcas patrocinadoras y el aumento de utilidades es la única posibilidad para el futbol en México? La gris trayectoria de la Federación Mexicana, ¿no tiene ninguna consecuencia jurídica a pesar de su reincidente irresponsabilidad social? ¿Hará algo la 4T con los del futbol? ¿Y si sí se ponen las pilas todos, carajo?
¿Y de toros? Ah sí, esta columna es de toros. Los aficionados no lo confiesan, pero la antojadiza prohibición de que ha sido objeto la tauromaquia en la Ciudad de México los ha sumido en un duelo sordo, no sólo sin lágrimas por la debilitada relación entre la empresa en turno y el público que iba quedando, sino por el enorme resentimiento que les provoca el proceder de unas autoridades que confunden gustos con legalidad y preferencias con estímulos, aunque estos de nada sirvan, incluido el futbol de los autorregulados. Antes que la justicia, lo que ha animado esta prohibición son la ignorancia y el autoritarismo.
Albert Boadella, dramaturgo, director, escritor y aficionado pensante nacido en Barcelona, señaló en reciente pregón en la ciudad de Córdoba, la “lejana y sola”, que la tauromaquia no es una tradición a la defensiva, sino un acto de resistencia cultural frente a la moralidad pueril de la sociedad actual. Y abundó: “La expansión de una doctrina de raíz anglosajona ha ido más allá de la protección animal para instalarse como ortodoxia moral. La legislación europea y española sobre protección animal fundamenta sus principios bajo un concepto de igualdad entre el animal y el ser humano en el plano verbal de sus derechos, equiparación que califico de agravio hacia las personas y un disparate respecto a la propia naturaleza de los animales”.
“En el mundo de la progresía nada hay más incorrecto políticamente que la tauromaquia. Todo lo demás, puestos de trabajo, dehesas, tradición, es real pero subsidiario. La razón esencial es que un individuo libre tiene derecho a elegir sus ritos, sus emociones y también sus riesgos… Muchas veces sin saberlo, el aficionado es un pertinaz resistente al pensamiento dominante actual, y la tauromaquia la plataforma de resistencia cultural más nítida frente a una sociedad que pretende dulcificarlo todo hasta volverlo inofensivo”, concluía Boadella.


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