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Entre consignas y flores, despiden a Laura Velázquez, activista atropellada en Ecatepec

Chimalhuacán, Méx. Integrantes de diversos colectivos que luchan desde la periferia contra el feminicidio y la violencia de género, despidieron a su camarada Laura Velázquez Florencio, quien perdió la vida el pasado martes tras ser atropellada cuando viajaba a bordo de su bicicleta. Sus restos fueron velados en lo que fue su última morada, ubicada en la comunidad de Santa María Nativitas, parte alta de esta localidad.

Visiblemente dolidas y consternadas, entre llantos, cantos y gritos de consigna y muchas flores, estas mujeres aguerridas acompañaron en su dolor a doña Lidia Florencio Guerrero, quien apenas podía mantenerse de pie; y no es para menos, apenas el dos de julio ella había encabezado un acto público por el noveno aniversario luctuoso del feminicidio de su otra hija, Diana.

Laura, quien era soltera y tenía 32 años de edad, estuvo junto a su madre exigiendo justicia por la muerte de su hermana. Consideraban que las autoridades actuaron con dolo e iniciaron la carpeta de investigación por la muerte de un hombre, y así evitarse la obligación de investigar el feminicidio de Diana con perspectiva de género.

Desde entonces, Laura y Lidia rodaban, siempre en forma de protesta ante la injusticia de la que son víctimas por un sistema indolente, que mantiene a las mujeres de la periferia relegadas, que no son libres de ocupar el espacio público sin ser violentadas.

A bordo de su bici, recorrían los caminos de la periferia y de la propia Ciudad de México, en su lucha legal y en las calles, por justicia para Diana y al mismo tiempo dando acompañamiento solidario, arropando a otras madres afligidas por los feminicidios de sus hijas.

Por eso, en cada rodada que realizaban, siempre portaban con ellas a Diana, pegaban sus stickers visibilizando su dolor por los caminos que transitaban; haciendo de su andar cotidiano, una lucha política contra la violencia hacia todas las mujeres; sobre todo a las de la periferia donde la impunidad y la indolencia es el pan de todos los días.

Laura, además, amaba a las mascotas y cuidaba de cinco a quienes rescató del abandono en las calles. El día de su muerte, viajaba al lado de su madre, cuando el operador de una pesada unidad la arrolló en el cruce de la autopista concesionada Circuito Exterior Mexiquense y la carretera federal Texcoco-Lechería, en territorio de Ecatepec.

«¡Señor, señora, no sea indiferente, matan a ciclistas en la cara de la gente!»; «¡Laura no ha muerto, Laura somos todas!»; «¡Diana, vive y vive, la lucha sigue y sigue!»; «¡Diana no ha muerto, Diana somos todas!»; «¡Laura no ha muerto, Laura somos todas!».

Así se expresaron las mujeres combatientes de la periferia, frente al féretro de Laura, el cual permaneció bajo una carpa en la calle. Alrededor de las once de la mañana, el ataúd fue ingresado al interior de su domicilio, donde doña Lidia y su familia se despidieron de ella de manera privada.

Antes del mediodía de este jueves, el cortejo fúnebre partió rumbo al panteón San Juan Acazuchitlán en Jilotepec, al norte del Estado de México, donde por la tarde sus restos serían sembrados al lado de su hermana Diana. Mientras, la Fiscalía mexiquense continúa con las investigaciones para deslindar responsabilidades por el homicidio de Laura.

Colectivos y organizaciones defensoras de derechos humanos nacionales e internacionales ofrecieron sus condolencias por la muerte de Laura.

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